 |
 |
| 29.04.2009 | Se profundiza el proceso de cambios en la región |
 |
| Con Rafael Correa triunfó la izquierda en Ecuador |
 |
 |
| Escribe: Blas García |
 |
 |
| Foto: Cristina Fernández con Rafael Correa en el Palacio de Carondelet, sede del gobierno de Ecuador. |
|
|
|
|
 |
| Su reelección ratifica el levantamiento de los pueblos de la región contra un sistema de acumulación de capital en pocas manos y la contundente victoria de las fuerzas patrióticas que construyen la revolución ciudadana en el Ecuador. |
 |
 |
 |
|
|
 |
 |
 |
Correa ratificó su liderazgo
El economista Rafael Vicente Correa Delgado, crítico del Consenso de Washington y de la tutela de los organismos internacionales de crédito, logró un histórico triunfo en la Republica del Ecuador y fue reelecto hasta 2013. Lo acompañará de nuevo como vice el licenciado en Administración Pública Lenin Moreno, quien en un asalto fue herido en su espalda por lo cual se moviliza en silla de ruedas.
El mandatario mantuvo el apoyo de los sectores populares, por su política redistributiva en salud, educación, vivienda y bonos sociales para los más pobres. Y es la primera vez en mucho tiempo que un presidente es electo en primera vuelta. Correa obtuvo más de 50% de los votos y derrotó al ex coronel Lucio Gutiérrez y a los medios de comunicación, férreos enemigos del gobierno.
Gobiernos neoliberales
Ecuador, al igual que el resto de los países de la región, atravesó, en la década de los 90, las etapas de gobiernos neoliberales que aplicaron las clásicas políticas de apertura económica, desregulación y privatizaciones inspiradas en el Consenso de Washington.
Desde 1996 el país vivió un periodo de inestabilidad. Fueron innumerables las crisis políticas, sociales y económicas, que terminaron con los presidentes electos democráticamente expulsados del Palacio de Carondelet, lo que lo llevó a batir el record regional de gobiernos cortos, con ocho Jefes de Estado en menos de diez años, en un contexto de descomposición partidaria, caos económico y creciente deterioro social.
En agosto de ese año, Abdalá Bucaram ganó las elecciones con un discurso mesiánico y antipolítico, que atrajo el apoyo de los ciudadanos, desilusionados por la crisis económica y la incompetencia de los viejos partidos.
Las primeras medidas del singular presidente fueron: el anuncio de que grabaría un disco con el conjunto Los Iracundos, el intento de contratar a Maradona por un millón de dólares y la invitación a Menem para cantar tangos a dúo.
Las medidas económicas, el severo ajuste fiscal y el incremento de tarifas, un paquete que marcaría el inicio del ciclo económico neoliberal, provocaron la resistencia de los sectores medios y del poderoso movimiento indígena.
Inmediatamente del primer paro contra Bucaram, el Congreso apeló a la figura de "incapacidad mental" y lo separó del cargo, apenas seis meses después de su asunción.
Los efectos de la crisis económica mundial y el derrumbe del precio del petróleo llevaron a la incautación de los depósitos y la dolarización de la economía, en enero de 2000, por parte del sucesor, Jamil Mahuad.
Diez días después, las organizaciones indígenas marcharon por las calles de Quito reclamando un cambio de la política económica y la renuncia del presidente Mahuad.
La protesta consiguió el apoyo de un grupo de militares de rango medio, encabezados por un Coronel desconocido, Lucio Gutiérrez, que luego de un intento fracasado de golpe de estado, encaró una campaña electoral con promesas de renovación política y un discurso nacionalista, vagamente izquierdista, que atrajo al movimiento indígena.
La Rebelión de los Forajidos
Lucio Gutiérrez ganó las elecciones en el año 2002, bajo una plataforma política anti-sistema y de izquierda, como una alternativa a los desacreditados partidos tradicionales. Fue apoyado por las organizaciones indígenas, el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik y otros sectores populares.
Una vez en el poder, Gutiérrez cambia de rumbo y traiciona a sus bases, cambiando radicalmente su agenda, para dar paso a una política de acercamiento de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia y estableciendo una alianza política con la derecha ecuatoriana del empresario Álvaro Noboa.
El movimiento indígena le retira su apoyo y los sectores de clase media de Quito salen a las calles entre el 13 y el 20 de abril del 2005.
Con el fin de desacreditarlos, Gutiérrez dijo que no eran más que un puñado de "forajidos". Los manifestantes acogieron el apelativo y giraron así su connotación negativa, por lo cual la rebelión popular y espontánea, de ciudadanos sueltos sin un reclamo político claro, que depuso al Presidente Gutiérrez, recibió la denominación de la Rebelión de los Forajidos.
El ascenso de Rafael Correa
El 20 de abril de 2005 el Congreso desplazó a Gutiérrez apelando a la equívoca figura de "abandono del cargo" y el vicepresidente Alfredo Palacio lo remplazó.
Palacio designó un gabinete donde se destacaba su joven Ministro de Economía Rafael Vicente Correa Delgado.
La gestión de Correa intentó un cambio de la orientación económica, el congelamiento de las negociaciones de libre comercio con EEUU, la creación de un tribunal internacional que juzgue la legitimidad de la deuda externa y la eliminación de un fondo especial destinado al pago de la deuda.
Estas decisiones lo convirtieron en una referencia política importante y lo llevaron a tensar su relación con el débil Presidente, quien finalmente desplazó a su Ministro luego de una fuerte discusión a raíz de un préstamo del Banco Mundial.
Correa se presenta como candidato a Presidente en la campaña electoral de 2006 recogiendo en su programa una serie de temas de las movilizaciones sociales de los últimos años, que ningún candidato se había animado a reivindicar: el entierro definitivo del ALCA con EEUU, la rescisión del contrato con la compañía yanqui Occidental Petroleum y la anulación del acuerdo por la Base de Manta, un enclave militar norteamericano en Ecuador.
Correa busca expresar así a dos sectores sociales muy afectados por las políticas neoliberales de ajuste y apertura: el movimiento indígena y las clases medias urbanas de Quito, núcleo de "la rebelión forajida" y que constituyen actualmente la base social más importante del gobierno.
Su organización política se denomina Movimiento PAIS (Patria Altiva y Soberana). Se autodefine como un humanista cristiano de izquierda. En 2006, durante la segunda vuelta electoral fue apoyado por partidos y movimientos de centro e izquierda, incluyendo la Izquierda Democrática, el Partido Socialista Frente Amplio, el movimiento Alternativa Democrática, el movimiento Nuevo País, el Movimiento Poder Ciudadano y el movimiento indígena Pachakutik.
El 26 de noviembre de 2006, en segunda vuelta y con el 57% de los votos le ganó a Álvaro Noboa y se convirtió en presidente junto a su candidato a la vicepresidencia Lenín Moreno.
La administración de Rafael Correa
La administración de Correa se inició con el cumplimiento de sus propuestas de campaña: la convocatoria de una consulta popular para una Asamblea Nacional Constituyente y la reducción a la mitad de los salarios de los altos cargos del Estado.
Correa buscó además el equilibrio de género y su Ejecutivo contaba al inicio de su gestión con un 40% de las carteras ocupadas por mujeres. Así mismo, prohibió a sus ministros y otros empleados públicos recibir regalos y agasajos por su labor.
Del mismo modo, Correa ha declarado su oposición a la pena de muerte y a la cadena perpetua; y ha propuesto el Plan Ecuador, que opone desarrollo, justicia y paz al militarismo propugnado por el Plan Colombia, financiado por Estados Unidos. Así mismo, el Gobierno ha creado una Comisión de la Verdad que investiga los crímenes de Estado contra los Derechos Humanos.
Otras realizaciones del Gobierno fueron el incremento en un 15% de la inversión social del Estado, la comprometida duplicación del Bono de Desarrollo Humano, destinado a ayudar a las familias con menos recursos económicos y en situación de pobreza; así como un incremento del 100% en el bono de la vivienda para facilitar la construcción, compra y rehabilitación de las viviendas de las personas más desfavorecidas.
Del mismo modo, declaró en situación de emergencia y destinó recursos económicos extraordinarios a diversos sectores, entre ellos el sistema penitenciario -que padece de hacinamiento-; para las provincias afectadas por la erupción del volcán Tungurahua; para la Policía Nacional; para la educación; para el sistema de salud pública; para el sector ferroviario; para la reconstrucción vial; para la agricultura; y para detener el deterioro ambiental del archipiélago de Galápagos; entre otros.
El Gobierno, ha iniciado un plan de control de armas; ha creado un organismo para el control de la corrupción dentro del propio Ejecutivo; ha ordenado al Estado que no utilice empresas de intermediación laboral que explotan a los trabajadores; ha comenzado a distribuir medicamentos de manera gratuita; y ofrece una transmisión semanal de radio en el que periodistas y ciudadanos seleccionados por la Oficina de Prensa de la Presidencia interrogan al mandatario.
Correa impulsa la reforma constitucional
Durante diez años Ecuador vivió un ciclo de fuerte inestabilidad política, bajo una serie de liderazgos fallidos: Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez. Y entre uno y otro, vicepresidentes y legisladores que asumían de manera transitoria.
Esta monótona sucesión de crisis que fue consolidando la idea de que algo funcionaba estructuralmente mal en la democracia ecuatoriana. En esta perspectiva, Correa hace de la promesa refundacionista el eje de su campaña, como en su momento hicieron Chávez y Evo Morales.
Para marcar su voluntad antipartidocrática, el ecuatoriano se negó a presentar candidatos al Congreso con el argumento de que no estaba dispuesto a avalar una institución corrupta. Esto le generó una larga pulseada institucional.
El proceso de reformas políticas iniciado por el Presidente son consecuencia del surgimiento de nuevas fuerzas ciudadana de izquierda social que se presenta como la protagonista de un debate político que se centra en la demanda de un conjunto de reformas que buscan ser viabilizadas por medio de una Asamblea Nacional Constituyente, donde los partidos políticos tradicionales son los grandes perdedores e incluso se procese la cesación del poder legislativo.
Pese a todo, Correa logró sortear los escollos institucionales para convocar al plebiscito por la reforma constitucional, donde el Sí se impuso con un abrumador 82 por ciento, y luego obtuvo una mayoría holgada en la elección de convencionales.
Realizó una Constituyente que produjo un texto fuertemente progresista e inclusivo. Su mandato debía concluir el 15 de enero de 2011, pero la Asamblea Nacional adelantó la fecha de elecciones al 26 de abril de 2009.
Cambio de época
Como dijo Correa, en su ceremonia de asunción, América Latina vive un cambio de época, en democracia y paz, no se trata de una época de cambios, sino de un cambio de época.
Vivimos un período acelerado de cambios. Cambios sociales, políticos, religiosos, ideológicos. Estamos viviendo no es una suma de cambios sino un auténtico cambio de época. Una transformación mayúscula que va afectando al conjunto de las naciones de Latinoamérica, porque ninguna puede ya vivir de espaldas al conjunto. Aunque cada una lo asuma desde su propia particularidad y reaccione y construya desde ella.
Desaparecido el riesgo de que los gobiernos sudamericanos fueran puestos por Moscú al servicio de su estrategia planetaria, Estados Unidos distrajo su atención de su tradicional patio trasero y se embarcó en aventuras guerreras lejanas.
Se abrió así un vacío de influencia en Sudamérica que habilitó un espacio de autonomía inédito y permitió un giro a la izquierda que en otro momento, en plena Guerra Fría, Washington habría bloqueado a través de la presión internacional o el golpe de Estado.
En ese marco, Correa logró una inédita estabilidad política y económica, a la vez que encara profundas transformaciones sociales, pese a la oposición de aquellos sectores -representados en los partidos tradicionales- que quedaron fuera de la nueva estructura del poder.
Se identifica con la denominada "izquierda nacionalista" de Hugo Chávez y Evo Morales, muestra también clara afinidad con los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y Cristina Kirchner en Argentina.
Se autodefine como un neodesarrollista y un "humanista cristiano de izquierda" y propone una política soberana y de integración regional de línea bolivariana, también conocida bajo el nombre de socialismo del siglo XXI, puesta en marcha por Hugo Chávez en Venezuela.
El economista de 46 años está en el poder desde 2007, impulsando su "Revolución ciudadana" y el "Socialismo de siglo XXI", logró su quinto triunfo consecutivo en elecciones libres, con el apoyo masivo de los humildes de su tierra y ahora seguirá hasta 2013, con la posibilidad de poder ser reelecto una vez más.
Escribe: Blas García |
 |
|
|
 |
|